Que “La Piedad” es una de las obras más representativas de la obra del gran artista del Renacimiento, Miguel Ángel, es harto conocido, pero ¿sabéis que estuvo cerca de ser destruida bajo los martillazos de un perturbado?

Cuando Miguel Ángel terminó “La Piedad” le fue preguntado que por qué había esculpido el rostro de la Virgen tan joven y este respondió

Las personas enamoradas de Dios no envejecen nunca

Parece ser que no pensaba lo mismo un tal Lazlo Toth, cuando el 21 de mayo de 1972 atentó contra la imagen. Ese día entró en la Basílica vistiendo una camisa roja y un esmoquin negro en el cual escondió un martillo, y aprovechándose de la multitud se camufló entre ella y logró burlar la seguridad.  Se subió a la barandilla de mármol situada delantes de la Capilla de San Pedro y arremetió contra la escultura. Antes de que cualquier vigilante pudiera imaginar lo que pretendía hacer desató toda su furia, propinándole quince martillazos antes de ser apresado mientras repetía

¡Yo soy Jesucristo! ¡Yo soy Jesucristo!

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Como resultado a la brutal agresión Toth le rompió el brazo izquierdo, la nariz, las cejas y la frente a la virgen quedando los pedazos esparcidos por el suelo. La actuación fue rápida, se recuperaron los fragmentos y utilizando una resina especial ofrecida Brasil y los calcos existentes se pudo llevar a cabo una delicada restauración. Hasta Junio de 1973, trece meses después del ataque La Piedad no volvió a ser expuesta.

piedad-tras-ataqueComo consecuencia de este atentado, Toth fue condenado a dos años de cárcel y declarado enfermo mental. Tras cumplir su pena en 1975 fue obligado a marcharse a Australia.

Como consecuencia a toda esta historia los espectadores de tan magnífica obra hemos resultado perjudicados. Ya no podemos contemplar la belleza de la obra como antes, puesto que después de la agresión las medidas de seguridad se endurecieron. Hoy la Piedad sólo puede contemplarse tras un espeso cristal antibalas y en una peana a más de seis metros.