Si por algo ha pasado a la historia Enrique VIII rey de Inglaterra, además de por romper con Roma e instaurar el Anglicanismo, es por su larga lista de matrimonios. Cambiaba de esposa con una facilidad pasmosa, no se puede decir que tuviese miedo al matrimonio. Las «afortunadas» fueron nada menos que seis.

Su primera mujer fue Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y viuda de su hermano Arturo. Catalina sólo pudo darle una hija, María, ya que ninguno de los varones que tuvo sobrevivió. Por ello el rey, ya prendado de Ana Bolena, utilizará el divorcio como excusa para romper con Roma. Catalina morirá apartada en el Castillo de Kimbolton con serios rumores de que pudo ser envenenada.

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La segunda fue precisamente, su amante y dama de la reina, Ana Bolena. Tampoco ella pudo darle un varón al alumbrar a Isabel y su final no fue muy envidiable. Fue decapitada con la excusa de haber cometido adulterio e incesto acusación, por cierto, falsa.

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Jane Seymour fue la tercera esposa del rey y la única por la que el monarca se puso luto. Quizás influyó en ello el hecho de que murió pocos días después del parto de su hijo, Eduardo VI.

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La cuarta en portar la corona fue Ana de Cleves, boda de estado que no resultó desde su inicio. A Enrique no le gustaba su poco agraciada esposa de la que se divorció a los seis meses de la boda alegando la no consumación del matrimonio. Y suponemos que ella contenta por poder conservar la cabeza.

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La quinta esposa fue Catherine Howard, prima de Ana Bolena. Resulta comprensible que no quisiera casarse además de hecho de estar enamorada de otro. El final se veía venir, fue decapitada con su enamorado. Es curioso el destino, tanto ella como su prima compartieron marido, muerte y ahora ambas están enterradas en la Torre de Londres.

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La sexta y última esposa fue Catherine Parr, una rica viuda que cuidó de un Enrique muy viejo al que sobrevivió. Quizá sea la reina inglesa que más veces se casó, cuatro, siendo Enrique su tercer marido.

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Junto a ellas la lista de concubinas y amantes eventuales es inmensa. Lo dicho Enrique fue todo un casanova, sin duda éste debe ser un ejemplo de lo que llaman la erótica del poder ¿no creéis?

Aquí os dejo un vídeo donde aparecen las esposas de Enrique VIII a través de una serie de cuadros de su época.