Todos conocemos al británico John Maynard Keynes, defensor de la intervención del Estado en economía y, sin duda, uno de los economistas más influyentes del siglo XX. Lo que no es tan conocida es su faceta como amante del arte y especulador.

Keynes

Fue un miembro clave del Círculo de Bloomsbury, grupo de intelectuales británicos de principios del siglo XX entre los que contaban grandes coleccionistas de arte. Roger Fry, miembro del grupo fue el que le animó junto a Sir Charles Holmes, director de la National Gallery, a embarcarse en una curiosa aventura en el París de 1918.

En la capital gala se celebraba una esperada subasta de arte que contaría con 20 cuadros y 88 dibujos de Ingres, 13 cuadros y 129 trabajos sobre papel de Delacroix, 2 cuadros de El Greco, 7 obras de Corot, varios dibujos de Tiépolo y varias obras de Manet, Cezanne, Van Gogh y Gauguin.

Keynes y sus amigos decidieron ir con la creencia que en una ciudad bombardeada sería mucho más fácil comprar a buen precio. Y vaya si acertaron, mientras se celebraba la subasta la capital francesa fue sacudida por los proyectiles del “Cañón París” situado a 130 kilómetros de distancia.

Cañon Paris

Muchos de los asistentes a la subasta huyeron por lo que los precios cayeron en picado. Ellos aguantaron hasta el final y consiguieron auténticas gangas.

Obras como la Ejecución de Maximiliano de Manet, el retrato de Louis Auguste Schwiter de Delacroix o el Jarrón con flores de Gauguin, entre otras, cambiaron de manos en esta subasta pasando a engrosar los fondos de la National Gallery.

Ejecucion Maximiliano Manet

Una de las obras que compró Keynes fue Manzanas de Cezanne al increíble precio de 327 libras.

Manzanas de Cezanne

En torno a esta obra hay una curiosa historia. Al parecer, tras la subasta y mientras se dirigían a Charleston al sur de Inglaterra, el coche se quedaba en el barro por el peso. Es por ello que dejó el Cezanne bajo un matorral y caminó un kilómetro hasta la casa donde estaban sus amigos del Círculo de Bloomsbury. Más tarde fue a recuperarlo y Keynes colgó su Cezanne sobre la cabecera de su cama hasta su muerte.

Nadie puede negar que nuestro amigo Keynes sabía cómo encontrar gangas.

Fuente: Lord Keynes, especulador postimpresionista