Isabel I conocida como “La Clemente” fue emperatriz de Rusia entre 1742 y 1762. Su reinado estuvo marcado por importantes iniciativas económicas y culturales, pero en realidad por lo que es más conocida es por sus excentricidades.

Era autoritaria y cruel con sus enemigos a los que gustaba torturar, además de lujuriosa. Se rodeó de una corte de apuestos amantes a los que exigía fidelidad completa castigando duramente a los que la engañaban. Isabel era también muy supersticiosa llegando en una ocasión a demorar la declaración de guerra a Federico II de Prusia porque una mosca, parada en la pared, voló y fue a posarse sobre el papel, lo que  originó un borrón de tinta. Pero quizás lo más llamativo era su armario. Le gustaba cambiarse de ropa hasta tres veces al día por lo que disponía de unos 15.000 trajes de gala, y otros tantos pares de zapatos y medias de seda.

Estas excentricidades continuaron hasta su muerte a la edad de 52 años. Se cuenta que, en los últimos meses de vida, se negó a tomar ningún medicamento y que azotaba a cualquiera que pronunciara la palabra muerte en su presencia. Quien le iba a decir que su muerte sería conocida como el “Milagro de Brandenburgo”, ya que cambió el curso de la Guerra de los 7 Años evitando la destrucción de Prusia.