La vida de Sissi, emperatriz de Austria, no es un cuento de hadas como nos ha intentado mostrar el cine de la década de los 50. La esposa de Francisco José I fue un personaje tremendamente carismático que no sólo ha pasado a la historia por sus tareas sociales o su compromiso con la causa húngara, sino por la grave enfermedad que sufrió.


La emperatriz Isabel sufrió una de las enfermedades más famosas en el siglo XXI, la bulimarexia, transtorno que mezcla elementos de bulimia y anorexia.

Isabel de Baviera contrajo matrimonio con Francisco José I en 1854 tras enamorarse un año antes en un encuentro en el que se pretendía casar al emperador con su hermana Elena.

Francisco José y Sissi

Desde el principio se sintió presionada por el estricto protocolo de la corte sobre todo por la de su suegra la archiduquesa Sofía. Ésta interfirió en la educación de sus hijos, aunque hay que decir que Sissi nunca fue demasiado cariñosa con ellos. A pesar de ello sufrió un duro golpe con la muerte de dos de sus cuatro hijos.

A los 25 años Isabel empezó a obsesionarse por su cuerpo. Con su 1,72 de altura nunca sobrepasó los 50 kilos y eso teniendo en cuenta que su larga melena que le llegaba prácticamente a los tobillos pesaba casi 2 kilos. Para ello inventó una serie de dietas de adelgazamiento y hábitos alimenticios unido a interminables horas de actividad física.

El detonante de esta enfermedad surgió a partir del tercer embarazo, en el cual su afición a comer dulces de manera compulsiva era compensado por largas sesiones de gimnasia (natación, esgrima, equitación, senderismo, montar en bicicleta …) y dietas a base de leche, carne cruda y sangre de buey, en la que no entraban ni verduras ni frutas, a excepción de las naranjas.

Producto de las torturas alimenticias y físicas a las que Isabel sometió a su cuerpo, sufrió un progresivo deterioro físico, irritabilidad en el carácter e insomnio, además de otros muchos síntomas como ciática o acumulación de líquidos. A partir de los 35 años no volvió a dejar que nadie la retratase o tomase una fotografía, para ello adoptó la costumbre de llevar siempre un velo azul, una sombrilla y un gran abanico de cuero negro con el que cubría su cara cuando alguien se acercaba demasiado a ella.

Murió asesinada por un terrorista italiano, Luigi Luccheni, a los 51 años de edad. Resulta curioso ver cómo la imagen idealizada que nos ha ofrecido el cine y la televisión dista mucho de la vida de la archiconocida Sissi emperatriz.

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