Los Inmortales fueron una de las unidades más famosas del ejército persa cuya principal misión era proteger la vida del rey. De hecho estamos ante el primer cuerpo de custodios reales documentado de la historia.

Este prestigioso cuerpo eran una tropa de infantería pesada que estaba integrada por soldados de valía que recibían un duro y preciso adiestramiento. Sus miembros se reclutaban desde la infancia entre los nobles medos y persas  y entre los requisitos para entrar estaba el tener al menos 1,60 metros de altura (bastante en aquella época) y no tener ninguna mancha en su conducta que ensuciera su currículum.

El uniforme estaba compuesto de una tiara o gorra de fieltro, túnica larga con bordados, pantalones y una cota de metal. El armamento consistía en un escudo de cuero y mimbre, una lanza corta con punta de hierro y un contrapeso en el otro extremo, un arco y un carcaj con flechas, así como una daga o espada corta.

Su táctica habitual de lucha era la carga frontal contra el enemigo, mientras que los flancos en retaguardia disparaban flechas como apoyo.

Según parece su nombre viene de Herodoto que los llamó los Diez Mil o Athanatoi (Inmortales). Este cuerpo siempre mantenía la cantidad de hombres, ya que a cada miembro muerto, herido o gravemente enfermo era sustituido inmediatamente por otro, lo que explica que en apariencia nunca morían, razón que podía explicar su nombre.