Pecunia non olet

El dinero no huele, eso le dijo el emperador romano Vespasiano a su hijo Tito en alusión al impuesto sobre la orina.

Resulta que en el siglo I no toda la plebe romana tenía acceso a la red de alcantarillado de la Cloaca Máxima y por ello usaban unos curiosos recipientes para aliviar sus necesidades, los lasanum. La mayoría eran de cerámica y repartidos por la ciudad donde se recogía la orina a la que se le daba una función.

lasanum

Eran un elemento básico para las tintorerías o fullonicae que solían tener estos recipientes incrustados en sus paredes utilizándola como blanqueante para las togas por su alto nivel de amoniaco.

La orina se echaba en la basa de enjuage y los esclavos pisoteaban la ropa para que se impregnara de orines quitando las manchas por el amoniaco que contenía. Una vez sin manchas se llevaba la ropa a una balsa exterior más grande donde se enjuagaba con el agua de lluvia, se escurría, se tendía al sol y se perfumaba.

fullonica

Vespasiano, como buen político, vio la posibilidad de engrosar las arcas públicas y creó un nuevo impuesto sobre la orina: “Vectigal Urinae”. La idea no fue muy bien acogida y hasta Tito, su hijo, la criticó. Ante esto Vespasiano lo tuvo claro: lo importante es conseguir dinero y no tener remilgos sobre su procedencia.