En el Imperio Persa la mentira era considerada como un delito.

En diferentes tablillas se muestra la importancia que la defensa de la verdad tuvo para los aqueménidas. En ellas se hace referencia a diferentes personajes a los que se honra con títulos como amante de la verdad o protector de la verdad. Al mismo emperador Darío se le atribuyen inscripciones como

Yo no era un mentiroso, no hacía el mal … Me conduje con rectitud. No hice el mal ni al débil ni al poderoso. El hombre que cooperó con mi casa, a ese le recompensé bien; el que me hizo daño, a ese castigué bien.

Era tal la veneración que sentían por la verdad que mentir podía llegar a ser castigado con la pena de muerte.