La violencia era un elemento clave en el mundo azteca, que no puede entenderse sin los sacrificios humanos con los que honraban a sus dioses ni sin la guerra.

El factor bélico era clave en una sociedad donde todos los éxitos militares eran vistos como símbolos de preeminencia social.

Resulta tremendamente llamativo que lo primero que escuchara un bebe al nacer fueran cánticos guerreros y que, los destinados a ser guerreros, fueran presentados con escudos y flechas en miniatura. Tan sellado estaba su destino que estas pequeñas armas simbólicas y sus cordones umbilicales eran enterrados por guerreros veteranos en el campo de batalla.

A partir de los 10 años todos los chicos recibían adiestramiento militar y este inicio se plasmaba con un peinado característico que consistía en raparse la cabeza excepto un mechón en la nuca. Tenían la obligación de mantener este aspecto hasta que capturasen su primer prisionero. A partir de los 15 los veteranos los entrenaban con armas y les enseñaban las danzas rituales.

La primera vez que marchaban a la guerra lo hacían como observadores portando el escudo de un guerrero, pero en la segunda incursión se les exigía, con ayuda de otros cinco novatos, que capturasen vivo a un prisionero destinado a ser sacrificado. Posteriormente se comían parte de su cuerpo en un claro ejemplo de canibalismo ritual, se cortaban el mechón y se dejaban crecer el pelo.

Existía una clase militar profesional que no tenía otra ocupación excepto la guerra, aunque a partir de los 20 años cualquier hombre podía ser reclutado para las campañas omnipresentes del mundo azteca.

Una curiosidad de este ejército era el hecho de que no podían auxiliar a un compañero en apuros ni cederle uno de sus prisioneros si éste no había conseguido ninguno bajo pena de una condena a muerte. El soldado que conseguía un mayor número de prisioneros tenía derecho a recibir tributo y podía formar parte del Consejo de Guerra que asesoraba al rey.

Morir luchando se consideraba un honor que les permitía gozar de una vida ultraterrena al contrario que el resto de sus vecinos que debían vagar cuatro años por el inframundo. Ante esto no es de extrañar que llegasen a dominar tan gran imperio.