Las atrocidades del nazismo con los judíos son conocidas, pero no fueron el único colectivo que sufrió la persecución durante el III Reich. Junto a los militantes de partidos y sindicatos de izquierda, los homosexuales sufrieron todo tipo de castigos en aras de la pureza de la raza.

Los nazis veían a los homosexuales como personas débiles y que no podían contribuir al objetivo tan buscado de aumentar la natalidad para extender la raza aria. Por ello iniciaron una persecución sobre los alemanes considerados homosexuales y  sólo afectaron a los no alemanes cuando mantenían relaciones con ciudadanos del III Reich.

Desde que tomaron el poder en 1933 pusieron en marcha una serie de medidas destinadas a acabar con este “lastre” para la Gran Alemania. Endurecieron el Párrafo 175 del código penal, se cerraron bares y clubes y se prohibieron publicaciones relacionadas con el mundo gay e incluso la policía confeccionaron listas con los nombres de las personas consideradas homosexuales (“Listas Rosadas”).

A partir de 1935 estas actuaciones se intensificaron. Ya no bastaba con practicar la homosexualidad para inclumplir la ley, sino que bastaba la intención o el pensamiento. Así se creó una sección destinada a combatir el Aborto y la Homosexualidad que Himmler puso bajo la dirección de Josef Meisenger que podía encarcelar a quien quisiera.

Los años de persecuciones más duros fueron entre 1937 y 1939 con redadas y redes de informantes que elevaron el número de detenidos y enviados a los campos de concentración a unos 100.000 hombres bajo la acusación de homosexualidad.

En los campos de concentración se les identificaba con un triangulo rosado y allí sufrieron todo tipo de vejaciones.

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Se les mantenía alejados al considerar que su “enfermedad” era contagiosa y que se podía curar a través de la humillación y el trabajo duro. En la búsqueda de esta supuesta “cura” fueron utilizados en experimentos con horribles consecuencias.