Si pensamos en un hombre-lobo nuestra mente nos lleva a la luna llena y a los cuentos de miedo que hemos escuchado desde nuestra más tierna infancia, pero realmente existieron.

Eran guerreros vikingos que marchaban a la batalla cubiertos por pieles de animales sobre todo osos y lobos y que eran conocidos como Berserkers. Estos dos animales eran las bestias sagradas de Odín y, por medio de un rito chamánico, los soldados unían sus almas con el dios transformándose en animales.

Atacaban en grupos pequeños y bajo un trance provocado por alucinógenos. Algunos señalan que pudieron ser hongos, pan o cerveza contaminados por el cornezuelo del centeno o cerveza con beleño negro. El resultado no se hacía esperar y los convertía en una horda llena de furia que se lanzaba contra sus enemigos con estruendosos alaridos.

Un texto del siglo XII los describe de esta manera

Durante la batalla se lanzaron al ataque sin armadura, salvajes como perros o lobos, muerden sus escudos y son poderosos como osos o toros; matan a los hombres de un solo golpe y ni el fuego ni el hierro pueden herirles.

Está claro que no eran hombres-lobo en el más puro sentido de la palabra, pero causaban el mismo terror entre sus adversarios.