El fuego bizantino también denominada fuego líquido o fuego griego, fue el arma más mortífera y misteriosa del Imperio Bizantino. Este denominación se la dieron los cruzados en 1204 en relación al Sacco de Constantinopla.

Pues se trata de un fluido inflamable que se lanzaba en forma de chorro ardiente a través de unos tubos metálicos montados en la proa de los barcos, probablemente empejado por un tipo de bomba impulsora o sifón de un tipo conocido desde época helenística. Principalmente se utilizaba en las batallas navales, aunque también era utilizado en tierra firme.

La principal característica del arma era que el fuego que lanzaba no se apagaba con el agua, sino todo lo contrario se avivaba e incluso ardía por debajo de ésta. Este hecho hacía que los enemigos del Imperio Bizantino temblaran nada más que con escuchar su nombre, debido a las consecuencias nefastas que tenía.

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Se cree que dicha arma fue inventada en el siglo VII cuando un refugiado sirio llamado Calínico de Heliópolis, aunque algunos historiadores piensan que más que invertarlo recibió el secreto de los alquimistas de la Escuela Química de Alejandría. Lo ofreció al Imperio el secreto de un arma incendiario perfeccionada que podía ser utilizada desde barcos. Bizancio consideró la fórmula como un secreto de Estado conocido únicamente por el emperador y la familica de Calínico que fabricaba el producto.

Su fórmula hoy en día sigue siendo un enigma, ya que se consideraba un secreto militar. Hoy hay cierto consenso en que sus ingredientes básicos eran el petróleo (nafta), del que había depósitos superficiales en Mesopotamia y el Cáucaso, junto con cal viva (que generaba un gran calor en contacto con el agua) así como salitre.

Poco a poco su empleo será desplazado por un mezcla más estable y segura: la pólvora.