La morfina es una droga que ya ha cumplido 200 años de vida. Su nombre viene de la mitología, concretamente del dios grecorromano del sueño, Morfeo y a lo largo de la historia fue utilizada de forma continua.

Fue descubierta entre 1803 y 1805 por el alemán Friedrich Sertürner, aunque ya se fumaba desde el siglo I aC en Turquía e India. El químico alemán logró aislar el alcaloide principal del opio al que dio el nombre de morfina. Esta droga se utilizó con diversos fines a lo largo de la historia. Era común en las guerras sobre todo con uso anestésico o para calmar el dolor. Así se utilizó masivamente en la Guerra de Secesión americana y en la Franco-prusiana.

Se consideraba una solución maravillosa porque eliminaba el dolor dejando a quien la usaba en un estado de sueño eufórico completamente entumecido. Desde mediados de siglo se volvió más y más popular entre los médicos que le otorgaban propiedades casi mágicas sin tener en cuenta, al menos en principio, sus propiedades adictivas. Los doctores la recetaban de forma indiscriminada ya fuese para cansancio, dolor o fatiga.

Además de ser parte integrante de gran cantidad de productos farmacéuticos y venderse en farmacias, su uso empezó a vincularse a artistas y burgueses adinerados poniéndose de moda inclusos estuches y jeringuillas que se vendían en joyerías.

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