Si los templos fueron la construcciones más importantes del Imperio Nuevo en el Antiguo Egipto, las tumbas lo fueron del Imperio Antiguo.

Las Mastabas primero y Pirámides escalonadas, acodadas y regulares después han quedado para la posteridad como ejemplos característicos de esta apasionante civilización. Pero no fueron los únicos monumentos funerarios, junto a ellos han llegado hasta nosotros los Hipogeos.


Los Hipogeos o “casas de la eternidad” son un conjunto de cámaras sepulcrales excavadas en la roca que comenzaron a realizarse en el Imperio Mediopero que alcanzarán su esplendor en el Nuevo. El cambio en el concepto de la tumba tiene mucho que ver con el traslado de la capitalidad de Menfis a Tebas, zona muy rica en acantilados. Así, en posiciones totalmente disimuladas para el espectador y a una altura totalmente arbitraria, se colocaba la tumba con la intención de hacerla inaccesible para los ladrones. Es curioso que pese a todo, excepto la de Tutankamón, todas fueran profanadas.

El esquema suele ser el mismo en todos. Una serie de corredores y escaleras descendentes que conducen al vestíbulo y a la cámara del sarcófago que estaba rodeada por cuatro dependencias que se utilizaban para albergar el ajuar funerario. Hablamos de inmensas galerías, algunas con más de 100 metros, que nos conducían a espacios sostenidas por columnas y decoradas con pinturas y bajorrelieves.

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Las necrópolis del Valle de los Reyes, Valle de las Reinas y Valle de los Nobles en los acantilados de Tebas albergan los hipogeos más famosos.