Ahora que el cine ha llevado su historia a la gran pantalla, me atrevo a escribir sobre uno de los personajes históricos que más admiro: Hipatia de Alejandría. Conocida como la primera mujer científica de la historia, fue además filósofa, astrónoma y matemática en una época donde la mujer no tenía, lo que se dice fácil, el acceso al conocimiento.

Hipatia nació, vivió y murió en la ciudad de Alejandría, lugar esplendoroso fundado por Alejandro Magno, donde además de fomentar el conocimiento estimuló el respeto entre las diferentes culturas. Pero desafortunadamente la opresión y el miedo al saber arrasaron los recuerdos de la floreciente ciudad.

Teón, padre de Hipatia, supervisó siempre de muy cerca la educación de su hija de quién quería fuera un ser humano perfecto. Se formó en el propio Museo y viajó a Atenas e Italia para recibir algunos cursos de Filosofía, llegando incluso a dirigir el propio Museo de su ciudad.

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Era tal su dedicación a aprender que hasta llegó a renunciar al matrimonio para poder dedicarse en cuerpo y alma a la que fue su gran proyecto vital. Su legado es enorme, además de enseñar Matemáticas, Astronomía y Filosofía en la Escuela de Alejandría, escribió un trabajo titulado “El Canon Astronómico“, comentó las grandes obras de la matemática griega y construyó instrumentos científicos como el astrolabio y el hidroscopio, entre otras muchas más aportaciones.

Eran tiempos difíciles en la que la Iglesia estaba adquiriendo cada vez más poder y dedicó todos sus esfuerzos a tratar de  eliminar la cultura pagana. Por ello no resulta extraño que Hipatia, símbolo de ciencia y conocimiento, estuviera en el punto de mira de los cristianos más fanáticos. Cirilo, arzobispo de Alejandría, la despreciaba además por la amistad que tenía con el gobernador romano Orestes.

Fue brutalmente asesinada por un grupo fanático de cristianos seguidores de Cirilo, mientras regresaba a su casa en carruaje. Lo peor de todo es que los asesinos nunca fueron castigados, y Cirilo fue proclamado santo.

Hipatia se negó a traicionar sus ideas y convertirse al Cristianismo. Podemos resumir su manera de entender el mundo en la siguiente frase:

Defiende tu derecho a pensar, porque incluso de manera errónea es mejor que no pensar..