En el Sur de Francia, en una zona llamada Languedoc, apareció a mediados del siglo XII una nueva concepción religiosa, considerada herejía por la Iglesia Católica, los Cátaros.

En esta zona el sentimiento anticlerical había penetrado en todas las capas sociales. Una iglesia corrupta, continuos diezmos y exigencias abrumaban a un pueblo permanentemente amenazado por las llamas del infierno. Hacia 1150 aparecieron en la zona unos misioneros que se consideraban cristianos aunque no seguían a la iglesia de Roma. Su mensaje era de amor, tolerancia  y libertad. Frente a una iglesia católica licenciosa, avariciosa y amenazante, los cátaros predicaban con el ejemplo. Su conducta era tan intachable que eran conocidos como “buenos hombres”.

Cruz catara

Consideraban que Cristo no se encarnó cuando habitó entre los hombres porque la materia es una creación satánica, sólo era una engañosa apariencia angelical. Enseñaban que nuestro mundo, corrupto y perecedero, junto a la maldad y las enfermedades no podía preceder más que de un Dios Malvado, sede del pecado. Por ello el mundo es una pugna de dos principios: el bien y el mal.

Mientras la Iglesia romana amenazaba con las penas del infierno, los cátaros eran tolerantes con las debilidades humanas. Entendían que el castigo es una venganza y por ello Dios, infinitamente bueno, no podía albergar un sentimiento tan negativo. Rechazaban la existencia de un infierno donde los pecadores sufrían castigo eterno, para ellos el infierno está en la tierra hasta que en sucesivas reencarnaciones se purificaban. Pero el final siempre era feliz, todas las almas se salvaban.

A los seguidores de esta religión se les llamaba albigenses o cátaros, aunque ellos se hacían llamar cristianos y denominaban a su iglesia “la de los Amigos de Dios”. Entre ellos existían los simples creyentes y los perfectos. Un creyente podía convertirse en perfecto mediante la ceremonia del consolamentum, único sacramento de los cátaros, pero para conseguirlo debía llevar una moral más estricta, abstenerse de los placeres de la carne y vivir ascéticamente.

Tanto se extendieron que la situación preocupó al Papa que decidió suprimirla. Primero envió predicadores que se enzarzaron en disputas doctrinales con los cátaros y más tarde, en 1198, una cruzada contra ellos. En 1209 una gran cantidad de cruzaron se concentraron en Lyon liderados por Simón de Montfort. Avanzaron devastando ciudades y ante la pregunta de un jefe militar al Papa, la respuesta no dejó dudas.

¿Cómo hacemos para distinguir a los buenos católicos de los herejes?

Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos.

A partir de 1126 los cátaros quedaron en manos de la Inquisición. Algunos consiguieron huir refugiándose en fortalezas como Montsegur, un inexpugnable castillo situado a 1272 metros de altura. Se intentó rendirlos por hambre pero no fue fácil al recibir los sitiados refuerzos de hombres y alimentos. La rendición llegó tras estrecharse el cerco y atacarlos con trebuquetes.

Cruzados contra cataros
Tras la rendición 215 cátaros que se negaron a abandonar su religión y fueron quemados al pie de la montaña en el conocido desde entonces como Campo de los Quemados.

Campo de los quemados en Montsegur

La herejía cátara continuó, pero el miedo tras los sucesos de Montsegur, hizo que fuera languideciendo hasta extinguirse.