En los años de guerra la inventiva del hombre se desarrolla. Si ya la 1ª Gran Guerra nos dejó un completo arsenal, será en la 2ª Guerra Mundial donde asistiremos a un desarrollo de la potencia armamentística.

A la  hora de buscar acabar con los tanques enemigos los contendientes no dejaban de sorprendernos. Si los soviéticos tuvieron su perro-antitanque, los británicos no quisieron quedarse atrás. Desarrollaron una curiosa granada de mano, la nº 74 que tenía una peculiaridad respecto a sus homónimas. Estaba recubierta de una capa de adhesivo para que quedase pegada a los tanques enemigos y así poder destruirlos.

Como idea no estaba nada mal pero tenía un pequeño problema. El adhesivo no sólo se pegaba a los carros de combate sino también a las manos de sus lanzadores lo que provocaba una enorme cantidad de bajas por fuego amigo. Esto explica por qué la vida de esta granada no fue muy larga.