Que las dictaduras son un sinsentido no es nada nuevo, que algunos dictadores en su espiral de locura llevan a sus países al caos y la destrucción, por desgracia, tampoco pero si hubo ejemplo de sinrazón éste fue la Kampuchea Democrática de Pol Pot.
Pol Pot fue el líder de los Jémeres Rojos que tiene en su palmarés el haber asesinado a más de 2 millones de personas durante los 44 meses que estuvo en el poder en Camboya.

Saloth Sar, verdadero nombre del dictador nació en el seno de una familia de campesinos acomodados y, como la mayoría, no despuntó por su inteligencia. En París entró en contacto con las teorías marxistas-leninistas, lo que unido a un viaje a China en 1965 le convenció de la necesidad de llevar la revolución a su país.

El 16 de abril de 1975, los jémeres rojos entraron en Phnom Penh tras expulsar del país al general Lon Nol aliado de EEUU. A partir de aquí comenzó la locura: ciudades despobladas con sus habitantes desplazados al campo, único lugar libre del nefasto capitalismo donde llegaron a trabajar entre 12 y 14 horas diarias. Se destruyeron los vehículos a motor, las bibliotecas y las medicinas, ya que Kampuchea podía basarse sólo en la sabiduría popular.

Se eliminó cualquier atisbo de propiedad privada. Una persona no era dueña de nada, ni siquiera de su orina, de hecho cada uno tenía que entregar cada día dos litros de orina para poder ser utilizado como abono. Se torturó a millones de personas con atrocidades que no podemos ni imaginar y se lavó el cerebro a los niños a los que se le alienó para que denunciaran a sus familias por robar un simple puñado de arroz.

En esta locura y dentro de la destrucción de todas las élites intelectuales a las que se consideraba subversivos, se asesinó a profesores, abogados o médicos. En esta espiral de destrucción se eliminó después a los que sabían un segundo idioma y finalmente, a todos los que llevaban gafas, pues los lentes eran síntoma de veleidad intelectual.

La locura de un dictador que provocó uno de los mayores genocidios de la historia.