No es la primera vez que nos detenemos en los curiosos apodos de algunos reyes. Si ya hablamos de Carlos II el Malo y Fernando VII el Deseado, hoy será Fernando IV el protagonista de nuestra historia.

Fernando IV fue rey de Castilla entre 1295 y 1312 y pasó a la historia con el curioso sobrenombre de “El Emplazado”. El origen está en Martos, un pueblo de Jaén y el hecho que la puso en marcha el asesinato de un caballero principal llamado Juan de Benavides. Los asesinos no fueron encontrados y la ausencia de testigos hacía pensar que el crimen iba a quedar impune.

Poco después se reanudó la guerra en Granada y, de camino a Alcaudete, el rey acampó en Martos. Allí la justicia presentó al rey a los hermanos Carvajal acusados del asesinato de Benavides. A pesar de no existir pruebas claras, las prisas del rey por marcharse a la guerra hizo que los considerara culpables y los condenara a una cruel pena: serían encerrados en jaulas llenas de cuchillos y clavos para después ser despeñados por la Peña de Martos.

Los Carvajal, ante tamaña injusticia, emplazaron al rey ante la justicia divina a los 30 días de que su sentencia fuese cumplida. Fueron ajusticiados y, a los pocos días, el rey enfermó por lo que tuvo que retirarse a Jaén. Esto hizo a todos recordar el plazo de los Carvajal que cumplía el 7 de septiembre.

Sin embargo el rey fue recuperándose y el día fatídico comió y bebió burlándose de los que pensaban que iba a morir. Pero tras la comida se echó la siesta y, cuando fueron a despertarlo, estaba muerto.

¿Constitución enfermiza? ¿Llamada ante el tribunal de Dios? Eso nunca lo sabremos.