La Inquisición fue un tribunal eclesiástico cuyo fin era la persecución de la herejía.

La Inquisición medieval se fundó en el siglo XII en el sur de Francia y alcanzará una gran fuerza en España a partir del siglo XV. Fue tal su fuerza que, en la monarquía hispánica de la “Unión Dinástica” donde cada reino mantenía sus peculiaridades, la Inquisición era la única institución común a todos los habitantes.

Los objetos de investigación eran fundamentalmente los judeoconversos y los moriscos y las penas impuestas eran de lo más diversas. Una práctica de lo más curiosa era el sambenito, pero sin lugar a dudas lo más llamativo eran los familiares de la Inquisición.

Eran laicos que auxiliaban a los miembros del tribunal, aunque no tenían con ellos ningún lazo de parentesco. Formaban una verdadera red de espionaje que informaban de todo lo que pudiera tener interés para los miembros del tribunal.

Convertirse en familiar era un verdadero honor y sus candidatos debían demostrar su “limpieza de sangre”. Contaban con numerosos privilegios ya que, además de estar protegidos de persecuciones, conseguían beneficios económicos de todas sus delaciones.

Eran personajes muy temidos lo que se explica por el hecho de que en los procesos de la Inquisición los acusadores podían mantener el anonimato.

Unos juicios poco justos ¿no os parece?