Un 6 de mayo de 1937 el Hindenburg, el mayor dirigible del mundo, explotaba sobre Nueva Jersey en Estados Unidos.

El conocido como “Titanic de los cielos” y como éste un orgullo para la ingeniería de su tiempo, tuvo un fin tan dramático como el famoso barco.

Los dirigibles no eran sólo alemanes, pero si es cierto que estas gigantes aéreos fueron una de las imágenes de la Alemania nazi. El duque Ferdinand von Zeppelin fue quien desarrolló el modelo LZ 127 que será comercializado para el transporte de pasajeros, aunque el alto coste de su pasaje hizo que sólo los más adinerados pudieran optar a un pasaje en este gigante que tardaba dos días y medio en cruzar el Atlántico.

Era un nuevo diseño, completamente hecho de duraluminio con 245 metros de largo y 41 metros de diámetro. Era tres veces y media más que un jumbo y era casi igual de largo que el “Titanic” consiguiendo alcanzar los 135 kilómetros por hora.

Había sido concebido para 50 pasajeros pero, como se empleó hidrógeno como gas de sustentación, se pudo ampliar el número de cabinas lo que permitió que fueran 72 sus pasajeros. Sus constructores querían utilizar helio, un gas más pesado pero no inflamable, pero sólo los Estados Unidos poseían helio y no estaban dispuestos a venderlo para que los nazis lo emplearan como propaganda Al final fue el hidrógeno el que se empleó conviertiendo así al Hindenburg en una verdadera “bomba volante”. Y lo que es peor, el dirigible constaba de salón para fumadores.

Cuando iba a aterrizar comenzó a arder y en pocos segundo estaba totalmente en llamas. Murieron 22 miembros de la tripulación y 13 pasajeros, sobreviviendo 62 personas de las 97 que había a bordo. Esto fue posible gracias a la rotura de los depósitos de agua que cayó sobre ellos, salvándolos de las llamas. Las causas del desastre nunca fueron aclaradas, aunque se cree que pudo ser una descarga eléctrica que inflamó el gas.

No fue ni el primer ni el peor accidente de un dirigible, pero el desastre del Hindenburg marcó el fin de su uso. Con el Hindenburg se puso fin a una era.