Ya os comentamos la gesta de Roald Amundsen al convertirse en el primer hombre que llegó al Polo Sur. Pero en su carrera hacia la gloria no podemos dejar de hablar de Robert Falcon Scott que alcanzó esa misma latitud hace 100 años, un día como hoy, el 17 de Enero de 1912.

El intento de ser el primer hombre en alcanzar la latitud 90º comenzó como un desafío entre la expedición noruega de Amudsen y la inglesa de Robert Scott. A principios de enero de 1911, el Terra Nova, ancló en la Antártida montando el campamento base junto a la bahía de McMurdo y al pie del volcán Erebus. Scott y sus 25 hombres pasarían allí el invierno. En los días previos se dispusieron a crear depósitos para la vuelta pero todo fueron dificultades. Ante las duras condiciones montaron el depósito de víveres principal al que llamaron “Una Tonelada” en una latitud demasiado lejana si volvían en apuros del Polo Sur.

Mientras pasaban el invierno leían, veían películas y, en el caso del doctor Wilson, realizaba investigaciones sobre la fauna propia del territorio (como el pingüino emperador), pero ni se ocuparon del mantenimiento de los trineos a motor ni de practicar el esquí.

El 3 de Noviembre Scott y su grupo (el doctor Wilson, el capitán Oates, el oficial Evans y el teniente Bowers)  partían hacia su objetivo. Scott había decidido que por más que llevasen algunos perros, serían los ponis los que arrastrasen los trineos. Fue un error. Los ponis se hundían en las ventiscas y avanzaban mucho más despacio que los perros, ademas morían de frío. Ante la idea de comerse los ponis enfermos y así recobrar fuerzas con su carne, Scott se negó en redondo.

Después de un duro camino, en el que fueron recogiendo diferentes muestras para estudios científicos, llegaron al Polo Sur el 17 de Enero de 1912, más de un mes después que Amundsen.

Decepcionados y exhaustos les quedaba un horrible camino de vuelta. Evans y Oates fueron los primeros en caer mientras los tres supervivientes quedaron encerrados en la tienda sin poder salir por una enorme tormenta. Se acabaron los alimentos y el combustible muriendo a sólo 20 kilómetros del depósito “Una Tonelada”.

Scott, Wilson y Bowers fueron encontrados por sus compañeros el 12 de Noviembre que los dejaron reposar bajo los hielos de la Antártida, esa tierra con la  que tanto soñaron.

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