Las atrocidades cometidas durante la 2ª Guerra Mundial son conocidas por todos. Nadie se queda impasible al oir hablar del Holacausto cometido por los nazis, pero no fueron los únicos. Los japoneses también su tuvieron su propio Auschwitz: el Escuadrón 731.

Japón tenía bajo su control desde 1931 a Manchuria, a la que convertió en un estado títere independiente de China bajo el nombre de Manchukuo. Será en esta zona donde se instaló el Laboratorio de Investigación y Prevención Epidémica, más conocido como Escuadrón 731. Estaba formado por un centenar de edificios repartidos en unos 6 km2 con aeródromo, línea de ferrocarril, calabozos, laboratorios, quirófanos y crematorio entre otras dependencias.

En él trabajaban médicos y soldados japoneses que entre 1937 y 1945 desarrollaron, bajo la dirección de Shiro Ishii, un programa secreto de armas biológicas.

Utilizando cobayas humanas  (chinos, rusos, coreanos y mongoles) se pusieron en práctica todo tipo de atrocidades en aras de conseguir una ventaja para vencer a sus enemigos. Los experimentos incluían las vivisecciones (disecciones cuando una persona todavía está viva) extrayendo trozos de cerebro, pulmones o hígados a los prisioneros o diseccionando partes del cuerpo que eran unidas a otras distintas. Junto a esto a otros se les inyectó orina de caballo en el hígado, se les expuso a temperaturas extremas o se les irradió con dosis letales de rayos X entre una larga lista de atrocidades.

Junto a todo esto el Escuadrón se dedicaba a la fabricación de armas biológicas como el ántrax o a investigaciones sobre la peste bubónica, el cólera o la viruela. Junto a la fabricación de bombas de pulgas o de bacilos defoliantes se trabajó el sabotaje biológico que fue desde la fabricación de venenos para envenenar el agua hasta la destrucción química de las cosechas. También se probaron el efecto de armas sobre humanos utilizados como blancos para lanzallamas, granadas o bombas convencionales o bien se les inyectaron todo tipo de virus para estudiar sus reacciones.

El de Manchuria no era el único centro de estas características, Ishii dirigía sucursales por todo el sudeste asiático. Así en Changchung se dedicaban a la guerra biológica veterinaria, en Peiping al estudio de la peste bubónica y otras enfermedades, en Cantón a estudios sobre la privación de agua y alimentos en humanos y así una larga lista de centros más.

Miles de personas fueron torturadas y asesinadas sin que estos crímenes tuvieran un castigo. MacArthur, comandante supremo de la fuerzas aliadas y encargado de la reconstrucción de Japón tras la 2ª Guerra Mundial dio inmunidad a los médicos a cambio de los resultados de su investigación. Sólo la URSS procesó a una docena de implicados en el proceso de Jabarovsk en 1949, aunque los principales artífices de este Holocausto salieron impunes.

Nunca dejará de sorprenderme la capacidad de destrucción del hombre.