Las madres del Antiguo Egipto lo tenían claro, la mejor profesión para sus hijos era la de Escriba. En una sociedad tan jerarquizada como ésta y donde el buen funcionamiento de la Administración era clave ser escriba era un verdadero chollo.

Era una clase especial sin la que el Estado no podía funcionar: inscribían, clasificaban, contabilizaban y copiaban en varios tipos de escritura. Trabajaban en todos los departamentos de la Administración llegando a ser incluso escribas reales. Tal era su relevancia que incluso se retrataban, algo nada usual para los que no eran faraones o dioses.

Eran tan envidiados que incluso en la Sátira de los Oficios, un texto que circulaba en la Dinastía XVIII y XIX, se recogían las ventajas de ser escribas.

Viven bien, no conocen la miseria, no son azotados ni sometidos a duros trabajos, pueden hacer carrera en la administración y el faraón vela por ellos