Guillermo I más conocido como Guillermo el Conquistador, alegadno un derecho legítimo, conquistó Inglaterra en el 1066. Tras la Batalla de Hastings Guillermo fue coronado con el nombre de Guillermo I de Inglaterra, acabando la dinastía sajona y comenzando la de los normandos.

El rey falleció al caerse del caballo en el 1087 y fue entonces como comenzó su odisea. ¿Quién le iba a decir al pobre Guillermo I que iban a ocurrirle tantas cosas después de su muerte?

Su cuerpo, muy obeso, fue trasladado a San Esteban de Caen en Francia. Después de un tiempo largo y en un avanzado estado de descomposición, los obispos se encontraron con el problema de que no cabía en el sepulcro preparado para él. Ante esto no se les ocurrió una idea mejor que empujarlo para meterlo a presión y las consecuencias no pudieron ser peores. El estómago del rey estalló y el nauseabundo olor hizo que la multitud presente tuviera que huir despavorida. Eso es marcharse a lo grande.

El rey fue enterrado a pesar de los “pequeños inconvenientes” anteriores, pero su aventura tras la muerte no había hecho  más que comenzar. En 1562 sus restos fueron robados a excepción de un fémur que fue enterrado en otra tumba. Pero, por si fuera poco, esta tumba volvió a ser saqueada durante la Revolución Francesa, por lo que actualmente no queda ningún resto de Guillermo I el Conquistador.