El negocio en torno a personajes famosos no es nada nuevo, pero lo ocurrido en torno a la figura de Wellington es realmente llamativo.

Arthur Wellesley, más conocido como el Duque de Wellington fue un personaje muy relevante en su época sobre todo tras su papel en la lucha contra los franceses en la Guerra de Independencia española.

Ocupó el cargo de embajador en Francia y por dos veces primer ministro británico siendo conocido como el “Duque de Hierro” por su apego al autoritarismo. Pero lo que lo haría famoso sería su victoria frente a Napoleón en la Batalla de Waterloo.

Pero la fama de Wellington no quedó clara hasta el día de su muerte relatada por Charles Dickens en su artículo “Comercializando con la muerte” incluído en el libro Paseos nocturnos.

El duque murió el 14 de Septiembre de 1852 y su entierro se convirtió en el negocio del año.

Para calmar el dolor del pueblo se vendían bizcochos de limón y vino a un chelín y la primera línea del cortejo en cuanto a inmuebles se refiere estaba superdemandada. Un oferta en The Times señalaba

El funeral del duque. Vistas de primera clase para 15 personas, y también camas limpias y un cuarto de estar, a precios razonables.

Pero la cosa no quedó ahí, se inició un auténtico mercadeo con autógrafos y hasta cartas del duque. Todo valía para hacer dinero y esto se aplicaba en cualquier sector social

Un sacerdote tiene en su poder dos cartas, con sus sobres, que le dirigió el difunto duque, las que constituyen un testimonio del alcance de la caridad privada de su excelencia. Las vendería, juntas o separadas, al precio más alto que le sea ofrecido.

El colmo fue la oferta realizada por el hijo del peluquero del duque que sacó a la venta todo el cabello que su padre la cortó al héroe de la patria.

Fuente: Paseos nocturnos de Charles Dickens,