La domesticación animal se generalizó en el Neolítico al igual que la agricultura siendo parte fundamental del paso del ser humano entre la economía depredadora, propia del Paleolítico, y la productora generalizada en el Neolítico. El primer animal domesticado fue el perro.

A pesar de que la generalización de la domesticación animal se realizará a partir del Neolítico, parece que el mejor amigo del hombre ya convivía con el ser humano desde bastante antes. Las evidencias fósiles más antiguas se situaban en Rusia con una antigüedad de 14.000 años, pero un grupo de científicos suecos y chinos dirigidos por Peter Savolainen, del Instituto de Tecnología de Estocolmo y publicado en la revista Molecular Biology and Evolution, han encontrado evidencias anteriores. Según sus descubrimientos los perros domesticados aparecerían por primera vez al sur del Río Yangtsé hace 16.000 años.

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Tras los análisis de ADN a perros de diferentes partes del mundo, los investigadores han llegado a la conclusión de que existió un único lugar de origen, pero no un solo ancestro salvaje. Según sus estudios los perros habrían surgido de la domesticación de cientos de lobos.

En estudios anteriores (como el de Carles Vilà en 2002 en Science) se defendió la teoría de que los hombres utilizaban a los perros para cazar. Tiene sentido ya que su agudo sentido del oído y el olfato serían básicos para esta actividad y para la defensa del grupo y esto explicaría que los llevaran a América cuando dieron el salto hace 13.000/10.000 años. Su uso como pastor y protector de los rebaños es bastante posterior, yendo pareja a la domesticación y explotación de otros animales.

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Un dato curioso en sus estudios, Savolainen, ha llegado a la conclusión de que en Asia Oriental los perros acabaron en el estómago de sus dueños. Está visto que no en todos sitios se le consideraba el mejor amigo del hombre.