Al igual que los Cristos tampoco las Vírgenes tampoco son ni mucho menos iguales. Nuestra idea de Vírgen madre y amorosa con su hijo no ha sido algo común a toda la Historia del Arte. Hay para todos los gustos.

Las representaciones románicas y góticas son totalmente diferentes, realmente parecen dos escenas distintas. En el Románico la Virgen no es madre, es una Vírgen-trono, también llamada “Kyriotissa”. No hay relación entre las figuras, las imágenes son frontales, hieráticas y sin ningún tipo de relación entre ellas. La Vírgen se entiende como intercesora entre Dios y los hombres y de ahí su representación.

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Por contra en el Gótico estamos ante una Vírgen madre, que acuna y sonríe amorosamente a su hijo. En estos momentos triunfa el naturalismo y además hay un resurgir del culto mariano que se muestra en la advocación de la mayor parte de las iglesias y catedrales y en la multitud de imágenes de la Vírgen en las grandes Portadas de la época.

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Dos tipos de Vírgenes que nos muestran dos maneras de entender el mundo.

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