Nicolae Ceaucescu se convirtió en Secretario General del PCR (Partido Comunista Rumano) en 1965 poniendo en práctica una brutal política natalista.

Un año después de acceder al cargo promulgó el Decreto 770 con un objetivo claro: el aumento de la población rumana. Así ilegalizó el aborto con lo que de la noche a la mañana, un país que contaba con una de las políticas en torno al aborto más liberales del mundo, vio como se le prohibía. Junto a él quedaron también prohibidos todo tipo de anticonceptivos.

Pero la cosa no quedaba ahí, se impuso a las mujeres “el deber patriótico” de tener al menos 4 hijos. Todas tenían la obligación de someterse en el trabajo a pruebas mensuales de embarazo y  a entregar justificaciones médicas en los casos en que se constatase «un estado de no embarazo persistente». Y si no quedaban contentos la mujer tenía que pagar un alto impuesto de celibato. Con la Ley de Continuidad Nacional se dictaminó que

Quienes no asumen el deber de tener hijos son desertores de la nación. El embrión humano es propiedad de toda la sociedad

Se otorgaron medallas de “Madre Heroica” a las mujeres que tuvieran más de 10 hijos, de “Gloria Maternal” a las que tuvieran de siete a nueve y la “Medalla de la Maternidad” a las madres de cinco a siete hijos.

Las milicias del régimen se encargaban de vigilar los embarazos para evitar abortos clandestinos y, si se daban, de identificar y castigar a las infractoras. Las únicas excepciones eran las mujeres con más de 4 hijos, con más de 45 años o las que tenían cierta posición en el partido.

En sólo tres años, tras la implación del Decreto 770, nacieron dos millones de niños en Rumanía. Muchas familias eran tan pobres que no podían mantenerlos por lo que muchos de ellos terminaron abandonados en orfanatos o en la calle. Unas de las consecuencias de esta política fue que en 1989, cuando cayó el régimen, Rumanía contaba con la tasa de mortalidad infantil más alta de Europa.