En nuestro mundo actual estamos acostumbrados a que nuestros gobernantes hagan y deshagan sin sufrir las consecuencias de sus actos, pero no ocurría lo mismo en la Antigua Roma.

Con la aplicación de la “Damnatio Memoria” (condena de la memoria) cualquiera que fuera considerado enemigo del Estado sufría sus consecuencias. Se comenzó a utilizar después de la muerte de Julio César y llevaba unida la Abolitio nominis” o lo que es lo mismo su nombre desaparecía de las inscripciones. Vamos, como si nunca hubieras existido.

De la lista de emperadores romanos, 30 sufrieron esta práctica como Caligula, Domiciano, Cómodo o Majencio, entre otros. Otro caso curioso fue el de Elio Sejano condenado a la Damnatio Memoriae al perder el apoyo del emperador Tiberio. Su nombre fue borrado incluso de las monedas.

En realidad esta práctica no tuvo mucho éxito porque todos estos personajes son conocidos en la actualidad, pero el hecho de que a veces el pueblo participara destrozando estatuas o estelas supondría al menos un desahogo colectivo.

No es algo que podemos centrar sólo en Roma. Esta práctica fue utiizada en el Antiguo Egipto con personajes como Hatshepsut o Akenaton y todavía sigue vigente en la actualidad. No hay más que recordar lo que ocurrió con Sadam Husein o con Hosni Mubarak tras la revolución egipcia de 2011.