Nuestro planeta puede parecernos enorme. De hecho desde nuestra perspectiva terrestre es un lugar donde movernos entre diferentes puntos de su superficie puede llevarnos horas, días e incluso meses (no en vano fue así a lo largo de casi toda nuestra historia). Sin embargo la percepción de tamaño siempre debe ser medida con respecto a una referencia y es precisamente ahí donde nos cercioraremos que la Tierra no es mucho más que una mota de polvo en la inmensidad cósmica.

Quizá nadie repare en ello si comparamos el tamaño de la Tierra con la mayoría de las lunas, cometas, asteroides, meteoroides y los otros planetas interiores del Sistema Solar, pero si la comparamos con los gigantes gaseosos empezamos a hacernos pequeños. No obstante para darnos cuenta de lo coqueta que es nuestra casa tal vez lo mejor sea dirigir la mirada a las estrellas.

Nuestro Sol ya es increíblemente grande con respecto a nosotros. Después de todo para poseer casi el 99% de la masa del Sistema Solar y atrapar objetos a enormes distancias con su gravedad debe ser muy grande. Sin embargo, no debemos caer de nuevo en la soberbia. Nuestra estrella, la que todos los días nos ilumina y alrededor de la cual trazamos nuestra órbita, no deja de ser de tamaño mediano lo cual quiere decir que se pueden encontrar otras mayores o mejor dicho, casi inconcebíblemente mayores. Sólo piensa que rodear el ecuador de la estrella más grande conocida, como se indica en el siguiente vídeo nos llevaría en un avión viajando a 900 Km/h nada menos que ¡1.100 años!