Si nos hablan de rascacielos todos nos acordamos de Chicago o Nueva York con edificios tan curiosos como el Flatiron, pero estas construcciones vienen de bastante más antiguo.

En mitad del desierto de Yemen está Shibam que cuenta en la actualidad con unos 7000 habitantes y cuya antigüedad se remonta al siglo II aC. Nació como uno de los centros importantes en las antiguas rutas de comercio del incienso y las especias y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Su característica arquitectura está formada por edificios entre 5 y 16 pisos, que llegan a alcanzar hasta los 30 metros de altura, separados por un laberinto de callejones estrechos. A nivel de calle los muros tienen un metro de espesor para asegurar apoyo a los pisos superiores, cuyas paredes no alcanzan los 30 centímetros de ancho.

Su método de construcción es a base de tierra cruda que obliga a tratarlos periódicamente con un baño de barro para mantenerlos. El uso del adobe y la luz del desierto le confieren una tonalidad dorada a estos “rascacielos” de barro. La ciudad estaba rodeada de una muralla cuya finalidad era contrarrestar los ataques de los beduinos en pleno desierto.

La mayor parte de los edificios que se conservan son del siglo XVI, lo que resulta sorprendente por su localización y el material en el que están construidos. Una verdadera maravilla.