Ciro II fue uno de los reyes más importantes del Imperio Persa, pasando a la historia con el sobrenombre de «El Grande». Sus conquistas se extendieron desde el Mar Mediterráneo hasta cerca de la India, creando el mayor Imperio conocido hasta el momento.

Entre sus logros podemos destacar la realización de la considerada por muchos como la 1ª Declaración de los Derechos Humanos, pero también algunas decisiones poco menos que curiosas.

Según parece, cuando alrededor del 540 aC avanzaba hacia Babilonia, se disgustó mucho al morir uno de sus caballos sagrados intentando cruzar el río Gyndes (probablemente el actual río Diyala que fluye entre Irán e Irak).

Ante esto el rey se sintió desafiado y no tuvo mejor ocurrencia que condenar a muerte al río. Para ejecutar la sentencia dispuso dejarlo prácticamente sin agua y con tal de llevarla a término retrasó la marcha del ejército que fue destinado a cavar 180 acequias a cada lado del río. Éstas se convirtieron en 360 canales que convirtieron al antes majestuoso río en una serie de arroyos casi secos.

Así se marchó tranquilo de que nada ni nadie podía desafiar su voluntad, cosa en la que se equivocó ya que muchos años después el río terminó volviendo a su cauce.