El castillo de Montsegur, uno de los últimos reductos de resistencia de los Cátaros, no perdió su importancia tras la desaparición de la mayoría de sus miembros.

Durante el siglo XX una muchedumbre interesada en temas esotéricos peregrinaba cada año a esta conocida fortaleza. El día del solsticio de primavera muchas personas pertenecientes a las más extrañas asociaciones (religiosas, filosóficas e incluso paramilitares) de toda Europa se reunían en Montsegur.

Este montaña, sagrada desde mucho antes del Cristianismo, era vista por muchos como una especie de condensador de energías telúricas debido a la curiosa ordenación de sus muros y saeteras. Se le identificaba con un templo solar o con un calendario, con un espacio místico de gran poder.

Uno de los grupos más interesados en el carácter mágico del lugar fueron los nazis. En la década de los 30 Otto Rahn se interesó por los albigenses y quiso vincularlos con sus teorías antisemitas.

Se basaba en que los cátaros, aún titulándose cristianos, rechazaban el Antiguo Testamento, pero nada más lejos de la realidad. Los cátaros destacaban por su tolerancia y nunca se mostaron enemigos de los judíos.

Pero sin lugar a dudas su gran búsqueda en torno a los cátaros fue el Santo Grial que él creía enterrado en Montsegur.

¿No os recuerda a una película de Indiana Jones?