Carlos I de España y V de Alemania fue uno de los reyes más poderosos de la historia. Aunó bajo su corona una herencia que le hizo dueño de gran parte de Europa además de territorios en África y América, pero su nacimiento no estuvo rodeado precisamente de glamour.

Su madre, Juana la Loca,  disfrutaba de una cena en el palacio de Gante cuando empezó a sentirse mal. Lo atribuyó a alguna molestia estomacal a causa de su avanzado estado de gestación y se retiró a sus aposentos. La indisposición no mejoraba y una de las veces que fue al baño se encontró con Carlos llegando al mundo.

Una paradoja que el gran emperador viera el mundo por primera vez desde una letrina.