Carlomagno, el emperador franco, cenaba una vez al mes en Madrid en los años 30.

Pues si, una costumbre establecida por la Falange era conocida como la Cena de Carlomagno. Así en el pequeño comedor del Hotel de Paría de la Carrera de San Jerónimo se reunían unas diez o doce personas en una mesa presidida por el mismísimo Carlomagno. Bueno, en realidad presidida por un sillón vacío cubierto por una piel de corzo reservado para este distinguido convidado que, evidentemente, no aparecía.

A la derecha de esta silla se colocaba José Antonio Primo de Rivera y a su alrededor el resto de participantes que, por supuesto, había seleccionado el líder de la Falange.

Esta cena se rodeaba de todo un ceremonial. Así se mandaba hacer fuego de leña y sobre un impecable mantel se colocaban tres candelabros, el menu era cuidadosamente estudiado y los invitados iban de smoking.

Pero que es lo que sobre todo se hacía en las Cenas de Carlomagno: conspirar contra la 2ª República.