El Cardenal Richelieu fue un religioso y político francés de gran influencia en la corte de Luis XIII. Sus intrigas palaciegas en su lucha por consolidar la monarquía francesa e incluso su relación con los Mosqueteros narrada por Dumas lo han hecho un personaje tremendamente conocido. Pero lo que no se conoce tanto es su amor por los gatos.

Le gustaban tanto que preparó en el palacio una estancia sólo para ellos. Además contaban con unos cuidadores especializados que los alimentaban con paté de pollo dos veces al día.

No sólo estaban ahí para deleite de su dueño porque eran utilizados  para catar la comida del cardenal, lo que no es de extrañar sabiendo cómo se la gastaban con los envenenamientos.

Al morir no se olvidó de sus queridos felinos a los que dejó una pensión para que no les faltase de nada. El problema es que cuando faltó su dueño los gatos fueron sacrificados poco después. Lo que nadie puede negar es que vivieron como reyes.