cambio de hora

Todas las primaveras y otoños nuestros relojes se mueven una hora hacia atrás o hacia adelante con el objetivo de ahorrar energía. Detrás de este hecho tan cotidiano hay una curiosa historia.

El primero que tuvo la idea fue Benjamin Franklin en una carta publicada en el Journal de París en 1784.

Benjamin Franklin

Franklin insistía en la cantidad de velas desperdiciadas porque el sol se ponía antes de que las personas se fueran a dormir, mientras la luz del sol no se aprovechaba en las primeras horas de la mañana porque la gente aún dormía. De hecho repetía el siguiente refrán

Early to bed, and early to rise, makes a man healthy, wealthy and wise (Pronto a la cama y pronto arriba, hacen a un hombre sano, rico y sabio)

Fue más lejos pidiendo gravar con impuestos las persianas, racionar las velas y levantar a la gente haciendo sonar las campanas de las iglesias y disparando los cañones de las guarniciones al amanecer.

Ideas similares fueron expuestas en Nueva Zelanda en 1895 y en Reino Unido en 1909, pero no dieron resultados concretos. La primera vez que se aplicaría sería en la 1ª Guerra Mundial.

Concretamente fue Alemania el primer país que instauró el cambio de hora para ahorrar carbón para calefacción y luz durante la guerra. Así el 30 de Abril de 1916 el gobierno decretó que todos los relojes a las 23,00 horas debían adelantarse una hora pasando a las 24,00 con el objetivo de asegurarse una hora más de luz a la mañana siguiente.

Ante el éxito de la idea se extendió a otros países como Gran Bretaña donde se aplicó el 21 de Mayo de 1916 y y los Estados Unidos el 19 de marzo de 1918.

Esta iniciativa se abandonó tras finalizar la 1ª Guerra Mundial pero, ante sus claros beneficios, se volvió a implantar en los años siguientes.