Los soldados tenían una curiosa manera de saber cuándo un compañero había muerto de frío en la Batalla de Stalingrado.

Al estar acurrucados prácticamente no había movimiento por lo que lo que les decía si alguno había dejado de respirar era que una procesión de piojos salía por las mangas y las perneras del pantalón en busca de algún compañero vivo al que aún pudieran parasitar.

Vía: ABC