En Babilonia a los hombres se les ofrecía la posibilidad de ofrecer a sus esposas como pago por un préstamo.

No es de extrañar que se hable de la perversa o depravada Babilonia al referirse a sus «curiosas» prácticas sexuales, no hay más que recordar el trato que se dispensaba a los extranjeros.

Esta curiosa manera de saldar las deudas que hoy nos resulta tan llamativa se entiende porque el matrimonio en Babilonia tenía poco que ver con el amor o la fidelidad. Se entendía como un contrato que perpetuaba la familia, elemento básico para el Estado a la hora del orden social y de la producción de riqueza.

Además este tipo de prácticas eran comunes en una ciudad donde hasta tenían una diosa protectora de las protitutas y de los amoríos exramaritales, Innana/Ishtar.