La capacidad del hombre de fabricar armas destructivas en un hecho que nunca dejará de sorprendernos. Desde la 1ª Guerra Mundial se aumentó la capacidad de matar llegando al paroxismo con el lanzamiento de las bombas atómicas en 1945. En el deseo de conseguir nuevas armas químicas y biológicas encontramos un proyecto de lo más curioso: una Bomba Gay.

El Laboratorio Wright de Ohio (Estados Unidos) trabajó en 1994 en un proyecto para un arma de lo más llamativa. Se trataba de lanzar feromonas sobre el enemigo de manera que se produjera una atracción irresistible entre los soldados del mismo sexo.

El objetivo era minar la disciplina y la moral enemiga. Letal, muy letal no era pero los investigadores señalan que sus efectos eran “desagradables”. Evidentemente esto supongo que, como todo, sería cuestión de opiniones.

No era el único proyecto que se barajó. También salieron a la luz estudios para conseguir un arma que afectara al sistema hormonal y digestivo de los enemigos de manera que por la sudoración, halitosis y otras emanaciones corporales los volviesen malolientes. Otros fueron rociarlos con feromonas de abejas y lanzar luego colmenas sobre ellos o desarrollar una sustancia para hacer la piel insoportablemente sensible a la luz del sol.

Lo mejor el presupuesto dedicado a estas investigaciones, nada menos que 7,5 millones de dólares. Menos mal que los americanos saben tomárselo con humor.

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