La figura de Santiago ha dado mucho de sí. Normalmente lo identificamos con tres tipos de representaciones el apostol, el peregrino y el caballero.

Como apostol es conocido y como peregrino debemos de agradecerle el Camino de Santiago, pero quizás lo más curioso sea su identificación con un caballero.

Esto se lo debemos a la Batalla de Clavijo entre las fuerzas de Ramiro I y las de Abderramán II. El rey astur en el 844 decició enfrentarse al poderoso emir y ante la gran diferencia de fuerzas los cristianos quedaron rodeados en Clavijo, cerca de Nájera. El apóstol se apareció entonces en un sueño a Ramiro I prometiéndole que bajaría a luchar a su lado al día siguiente. Dicho y hecho, ante el grito de “Dios, ayuda y Santiago”, el apóstol apareció a lomos de un caballo blanco y destrozó a las huestes enemigas. Desde entonces se le ha conocido con el  nombre de “Santiago Matamoros”.

Evidentemente esto no es más que una leyenda que apareció en el siglo XII con el fin de que la sede compostelana pudiera cobrar los “votos”, es decir, los derechos sobre los bienes ganados en la Reconquista. El apóstol tenía que ser recompensado por sus servicios en la lucha contra el Islam. De hecho, siguió apareciendo en otros momentos de la Reconquista como en las Navas de Tolosa o en la conquista de Sevilla.

Este carácter guerrero del apóstol no quedará ahí, ya que cuando los españoles conquistan América se llevan con ellos a Santiago que en el Nuevo Mundo no será conocido como “Matamoros” sino como “Mataindios“.

Su figura seguirá apareciendo en diferentes momentos de la Historia de España, de hecho será una figura común vinculada con el “culto al líder” de  la la iconografía de Franco en su gusto por identificarse con lo que él consideraba los grandes momentos de España.

Si el pobre Santiago levantara la cabeza……