James Puckle fue un inventor británico del siglo XVIII que creó un arma de repetición estática capaz de lanzar 9 balas por minuto. Pero lo curioso de esta ametralladora no fue su invento, sino las estrategias publicitarias creadas por Puckle para hacer su invento popular y que disparase sus ventas.

Aunque hoy esto no nos parece nada del otro mundo, en 1718 era toda una revolución. Un mosquetero tardaba de media más de un minuto en cargar y disparar su mosquete, por lo que el invento de Puckle era tremendamente revolucionario. Claro pero pese a su efectividad el inventor no lo tuvo nada fácil a la hora de presentar su arma y tuvo que oir objeciones de todos los gustos, que si era poco caballeresca, que si era pesada, que si lo veían como algo incierto.

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En fin que Puckle pensó en un plan publicitario poco menos que curioso para salvar su proyecto: su arma utilizaría una munición distinta según quién fuese el enemigo al que se enfrentara. Las balas serían redondas y menos dolorosas si el enemigo era protestante y cuadrada y por lo tanto más dolorosa si el enemigo era católico o musulmán. Puckle quiso sacar tajada del odio hacia el catolicismo y del miedo hacia las fuerzas otomanas en Gran Bretaña. También le cambió el nombre por “Arma de defensa de Puckle,” intentando darle un sentido menos agresivo, tema complicado tratándose de un arma.

Pues nada le sirvió y su invento fue relegado a las vitrinas de un Museo. Hoy se conservan tres ejemplares: uno en Copenhague y dos en la Torre de Londres.

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