Hoy en día la depilación es parte común de nuestras vidas. Mujeres y hombres se depilan diferentes partes del cuerpo para entrar en los cánones de belleza actuales. Pero esto no es nada nuevo.

Desde la Prehistoria se cree que los hombres utilizaban piedras afiladas para depilarse la barba y en el Antiguo Egipto se depilaban todo el cuerpo bien con cremas depilatorias como nos muestra el Papiro Ebers o con navajas de sílex, hierro y cobre.

Este gusto por estar perfectamente depilado lo encontramos también en Grecia y Roma. En la Hélade las clases altas eliminaban el vello con velas o una crema depilatoria llamada “dropax”. Pero sin duda la palma se la llevan en la Antigua Roma.

Era una costumbre entre las romanas depilarse el vello púbico desde la adolescencia. Para ello utilizaban diferentes cremas depilatorias, pinzas y sobretodo al “alipilarius“. Si contábamos las excelencias de la profesión de escriba, ser alipilarius no era precisamente un gustazo. Eran esclavos especializados y su dedicación principal era depilar el vello púbico a las cortesanas en los burdeles.