El Agua Tofana es un derivado del arsénico inventado por Teofania de Adamo, una envenenadora siciliana del siglo XVII que ofrecía sus servicios para acabar con maridos o herederos un poco molestos.

Teofania se hizo rica debido a las ventajas de su pócima, transparente e insípida y muy difícil de localizar atribuyéndose sus síntomas a una dolencia ordinaria. Aunque no hay seguridad parece que este veneno se fabricaba de la siguiente manera:

Se cogía un verraco y se le suministraba arsénico. Se colgaba, todavía vivo, de las patas traseras y se le ponía una especie de bozal. Con un palo se mataba al pobre cerdo a golpes. En el recipiente/bozal se recogía la mezcla de sangre, babas, jugos gástricos… que el animal soltaba por la boca. Esta mezcla se destilaba y, posteriormente, se guarda en agua.

No se sabe con certeza el tiempo que estuvo suministrando estos “remedios” pero si que su macabro negocio se paró por una casualidad. Parece que una mujer de Palermo quiso envenenar a su marido, pero confundió los platos y fue ella la envenenada confesando antes de morir. Teofania fue denunciada por brujería y ejecutada el 12 de julio de 1633 en Palermo.

Pero lo que no sabían es que era un negocio familiar que continuaron con gran éxito su hija Giulia y su nieta Girolama en Nápoles. Ellas popularizaron la pócima mejorada con el  nombre de “Maná de San Nicolás” o “Agua de Nápoles”. Va a ser cierto que los venenos son cosa de mujeres.