En la Antigua Roma el afeitado era un proceso lento, doloroso y hasta traumático. No es de extrañar, ya que no conocían las cremas de afeitar ni tampoco los suavizantes para navajas.

No podemos olvidar que Gillete todavía tardaría años en aparecer. Con todo esto no resulta extraño que algunos emperadores luciesen barba ¿no os parece?

Vía: ABC