Los Templarios son una Orden militar que siempre despierta curiosidad. A pesar de su origen en Tierra Santa tendrán una larga trayectoria en España.

El primer reino peninsular donde se tiene constancia del establecimiento de Templarios fue Aragón en el año 1130. En 1134, el rey Alfonso el Batallador dispuso en su testamento que las órdenes de Tierra Santa heredaran sus reinos de Aragón y Navarra. Esta voluntad no se cumpliría, pero los Templarios negociaron sus derechos con Ramón Berenguer IV  y como compensación obtuvieron un conjunto de villas y castillos.

A partir de este momento la actividad militar de la orden comenzó a crecer participando en diferentes expediciones por las que obtuvieron terrenos y fortalezas. Junto a esto no detuvieron su actividad comercial monopolizando en Aragón el comercio de la sal o estableciendo encomiendas en Castilla y León.

Templarios

El prestigio de la Orden del Temple en el reino castellano no dejó de crecer sobre todo a partir de su colaboración en la toma de Cuenca o su destacada actuación en la Batalla de las Navas de Tolosa. Al mismo tiempo que su prestigio crecían sus propiedades convirtiéndose incluso en recaudadores del impuesto de cruzada lo que no los hizo muy populares.

Pero este éxito no evitó su caída, aunque ésta no fue tan traumática como en Francia. En Aragón se encerraron en sus fortalezas que, privadas de apoyo exterior, fueron cayendo una tras otra. A pesar del uso del tormento en algunos casos, en general los templarios fueron tratados con benevolencia en nuestro país. En 1310 el Concilio de Salamanca declaró inocentes a los Templarios de Castilla, León y Portugal y dos años después el Concilio de Tarragona decidía lo mismo respecto a los de Aragón.

Pero el Papa ya había decidido la supresión de la Orden que perdió sus riquezas integrándose sus miembros en otras órdens como Montesa, Calatrava o los Caballeros de Cristo.

Pero no todos están de acuerdo con esta decisión papal. Que le pregunten a la Asociación Orden Soberana del Temple de Cristo que demandó al Papa exigiendo la rehabilitación de la Orden y la recuperación de los bienes incautados, nada menos que 100.000 millones de euros